Su espíritu se quedó en la tierra, y comenzó a vagar por las orillas del río, llorando y buscando a sus hijos. La gente del pueblo comenzó a verla y a oírla, y pronto se convirtió en una leyenda.
Desde entonces, dicen que María vaga por las orillas del río vestida de blanco, con el pelo mojado y la cara cubierta de lágrimas. Camina buscando a sus hijos y grita: “¡Ay, mis hijos!” Su llanto, un lamento profundo y desgarrador, anuncia su presencia en las noches junto al agua. Los habitantes del pueblo cuentan que si alguien escucha su llanto debe alejarse del río, porque La Llorona confunde a los vivos con sus hijos y puede atraerlos al agua.
La leyenda de La Llorona es una historia de amor, miedo y venganza que ha capturado la imaginación de personas de todas las edades. Su legado sigue siendo una parte importante de nuestra herencia cultural.
Consumida por una rabia ciega y el dolor del rechazo, María llevó a sus hijos al río. En un arranque de desesperación, los lanzó a las aguas profundas.